Brad Pitt, en uno de los mejores filmes del año. Ad astra: hacia las estrellas

El actor protagoniza una obra que equilibra lo trascendente de su temática con buen espectáculo
Por: José Felipe Coria

La tendencia actual de la ciencia ficción propone dejar a un lado lo fantástico (encontrar criaturas extraordinarias o conquistar mundos en otras galaxias) y convertirse en especulativa (usar el tema del viaje espacial, por ejemplo, proponiendo interrogantes acerca del hombre y su situación en el mundo).

La temática especulativa puede ser profunda (lo confirman las magistrales Solaris y Stalker: la zona de Andrei Tarkovski). Lo cierto es que no siempre funciona (basta ver la reciente High life, ridículo churro que tras sus pretensiones filosóficas escondía pura banalidad convertida en tedio).
De vez en cuando llega una obra que equilibra lo trascendente de su temática con buen espectáculo. Ad astra: hacia las estrellas (2019), séptimo filme de James Gray, es prueba de ello.

La historia tiene un inicio medianamente convencional con el accidente que sufre el astronauta Roy Mc Bride (Brad Pitt), con control absoluto sobre sus emociones.

Es un punto de partida para plantear la búsqueda de un padre perdido, el también astronauta Clifford Mc Bride (Tommy Lee Jones), quien se encuentra tal vez en los límites de Neptuno.

Gray siguió una tendencia en novelas recientes de ciencia ficción, como El terror de Dan Simmons: mezclar géneros para retratar las consecuencias de un viaje sin finalidad, tema que en esencia impregna a esta película (aunque Gray, junto con su coguionista Ethan Gross, revela comprensión profunda de la literatura de Joseph Conrad, experto en narrar viajes, si bien marinos, ahora reinterpretados desde la óptica espacial). 
Su manejo de lo especulativo la mayoría de las veces ofrece respuestas interesantes (y otras próximas al absurdo). 

Lo importante es que no olvida que se trata de un espectáculo; que mantiene al espectador interesado sin que decaiga el interés porque no hace una suerte de rompe cocos sobre la trascendencia humana.

A Gray lo comparan con Kubrick, Tarkovski y Christopher Nolan. Es una exageración. Lo realmente valioso es que como director revela una personalidad propia y madura. Aunque sus preguntas se parecen a otras hechas en diversas cintas, su originalidad no hay que ponerla en duda.
Fotografiada por el notable Hoyte van Hoytema, y con sugestiva partitura de Max Richter, Ad astra es ciencia ficción adulta. Hollywood, cuando quiere, sabe producir calidad en géneros considerados “difíciles”.

Ad astra revela en Gray un director que parecía carecer de ambición pero ahora aprovecha la oportunidad para hacer una obra brillante. Apoyándose en sus evidentes fortalezas: imaginación y manejo eficiente de la situación dramática. Su propuesta de espectáculo es una atractiva combinación de aventura, misterio, introspección psicológica y melodrama familiar; una intensa parábola sobre la soledad llevada al extremo. Ad astra: hacia las estrellas está entre los mejores filmes del año.

 

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