Capturan historias de miedo

La cinta producida por Del Toro es una brillante adaptación de leyendas y mitos de terror
Por: José Felipe Coria

¿Puede un libro prácticamente inadaptable convertirse en buena película? El coguionista productor Guillermo del Toro y el espléndido director André Øvredal dan una respuesta interesante en el cuarto filme de este último, Historias de miedo para contar en la oscuridad (2019).

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Del Toro, junto con los hermanos Dan & Kevin Hageman, trabajó el guión usando una interpretación de los libros homónimos de Alvin Schwartz, pensados para lectores jóvenes, hecha por Marcus Dunstan y Patrick Melton.
Las Historias de miedo, en su versión literaria, son un ramillete de cuentos, rimas y bocetos sin orden ni concierto que Schwartz compiló. Su visión folclórica y antropológica la puso al servicio de historias verídicas, leyendas urbanas y mitos arraigados en las tradiciones orales "que el lector memoriza y luego cuenta a sus amigos", recontados con sencilla escritura.

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En las Historias de miedo cinematográficas, Del Toro y su equipo de guionistas seleccionaron ciertos relatos de Schwartz que embonaran en la estructura de un largometraje. Con la idea de que cada personaje enfrente momentos de miedo. A ver si sobrevive.
La columna vertebral del filme es un misterioso libro, propiedad de una tal Sarah Bellows (Kathleen Pollard), que descubre Stella (Zoe Margaret Colleti) afectándola a ella y sus amigos Chuck (Austin Zajur), Auggie (Gabriel Rush), el nuevo chico de la cuadra Ramón (Michael Garza) y la hermana de Chuck, Ruth (Natalie Ganzhorn).

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A su vez, el director Øvredal, considerando que Historias de miedo es muy conocida en Estados Unidos y que tiene leyenda propia puesto que en varias ocasiones fue vetado en las bibliotecas escolares debido a su terrorífico contenido, en especial por las escalofriantes ilustraciones de Stephen Gammell, tomó dos decisiones adecuadas.

La primera fue usar los dibujos de Gammell y darles de esta manera vida a los monstruos de la película. La segunda fue agregar como adornos varios elementos de otras historias de Schwartz. Agrega a lo anterior la ambientación hecha en 1968 para hacer comentarios sociales aún vigentes.

Con ello Øvredal profundiza el argumento y supera la colección de clichés sobre adolescentes en peligrosa espera de su Destino final (2000) o de vivir una Leyenda urbana (1998), cintas que aluden a ciertos temas que Schwartz presentó en las tres Historias de miedo publicadas entre 1981, 1984 & 1991.

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Øvredal tiene a su favor el gran estilo fotográfico de Roman Osin, con lo que hace un inspirado ambiente para una de las raras obras contemporáneas que no es secuela ni segunda versión y que tiene valiosa base folclórica documentada. Así, el tono realista, en plan de contar algo que tal vez sucedió, preserva la narrativa de Schwartz.

La calidad fílmica de Øvredal, los valores de producción aportados por Del Toro, las actuaciones del joven reparto, respetan la austera propuesta de una literatura llena de misterio por vez primera llevada al cine.
Pero el golpe de genio, tanto del productor Del Toro como del director Øvredal, está en que vuelven novedoso algo ya visto en el género del horror. La importancia de estas Historias de miedo es que históricamente son las originales.

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Tienen la frescura de ser las que iniciaron una cultura narrativa, las que ampliadas y modificadas, sin alterar su esencia, dan por resultado el equivalente a un viejo filme de terror que se moderniza. En suma, es brillante la adaptación del en apariencia inadaptable mundo de donde surgen los cuentos populares.

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