Crítica de Gotti y Johny English; los estrenos de esta semana

Dos estrenos de esta semana reinventan géneros exitosos: uno lo hace mal, otro causa gracia
Por: José Felipe Coria

El gran tema de las películas sobre la mafia es la doble moral de los personajes. Frecuentemente el padre con vida criminal inculca a su familia valores tradicionales. Es raro abordar esto y fracasar, más si se inspira en una figura real tipo El jefe de la mafia: Gotti (2018).

La tercera cinta del actor Kevin Connolly, con guión del también actor Leo Rossi y Lem Dobbs, basados en la vida de John Gotti (1940-2002) escrita por su hijo John Jr. para el libro La sombra de mi padre.

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Al Gotti real le llamaban “gángster elegante”. Según quienes lo conocieron, actuaba como matón de película. Tenía una personalidad en exceso expuesta a los medios estadounidenses a la que le gustaba llamar la atención. Fotos de cuando lo encarcelaron muestran en su sonrisa rechazo a las autoridades. Todos estos detalles los desperdicia Connolly.

Mala resulta cualquier película cuando la lista de productores es interminable, porque llevó demasiado tiempo filmarse. Y se nota por esto falta de calidad para presentar la vida de Gotti (John Travolta, quien confunde una actuación profunda con nada más fruncir la boca), junto a su esposa Victoria (Kelly Preston) y, claro, su hijo John Jr. (Spencer Lofranco).

Todos los episodios familiares, donde destaca el de la traición entre hijo y padre, son manejados como melodrama pasado de moda.

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A su vez, cuando Connolly se concentra en la parte mafiosa desaprovecha al otro villano de la cinta, Sammy Gravano (William DeMeo), quien fue testigo protegido por declarar contra Gotti. Asimismo, otro episodio clave en la vida de éste, el asesinato de Paul Castellano (Donald Volpenhein), cometido para quedarse al frente de la organización de don Carlo Gambino (Michael Cipiti), uno de los cinco sindicatos neoyorquinos del crimen, pierde su fuerza histórica. Queda como acto de violencia gratuita.  

La concepción cinematográfica no funciona. El interesante relato original es presentado con clichés mal copiados de filmes como El padrino, Caracortada y/o Buenos muchachos. Demasiadas escenas dan evidencia de esto. Desde el arranque son obvias sus deficiencias dramáticas. Por lo mismo acaba siendo la peor película sobre mafiosos en años.

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Sátira del espía. Las comedias cinematográficas que se burlan de otros géneros tienen buena recepción entre sectores del público.

Algunas son exitosas, en especial si el género aludido es popular. Johnny English 3.0 (2018), debut en la dirección fílmica de David Kerr, con veinte años de experiencia en televisión, hace la sátira del estilo James Bond. Por extensión, de todas las cintas sobre espionaje.

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El guión de William Davies aborda un tema característico del género. Sin agentes a los cuales recurrir, la primera ministro (Emma Thompson) sólo cuenta con el retirado English (Rowan Atkinson) para resolver el enigma de cómo fue hackeada la base de datos del servicio secreto.

La torpeza de English, junto a su incapacidad para entender cómo funciona la tecnología, bastan para hacer reír.

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El argumento y la dirección de Kerr son ligeros. Le da mucho juego a Atkinson, comediante de la alta escuela británica —célebre por la serie Mr. Bean—, quien hace pasar al personaje por situaciones siempre absurdas.

Atkinson interpreta a English con amplio registro de malabares físicos. Este estilo, basado en el boceto o la brevedad propias de la TV, es insuficiente para lograr un filme parejo. Aunque Atkinson no brilla aquí igual a su genial trabajo para la pantalla chica, Kerr le da cierto buen ritmo y entiende bien su estilo de humor. Por ello este 3.0 es el mejor de los Johnny English.

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