Cruise logra de nuevo lo imposible

Misión Imposible: La sexta película de la saga recrea el viejo estilo de acción en el cine sin defraudar al espectador
Por: José Felipe Coria

El actor-productor Tom Cruise actualizó la popular serie de televisión Misión: imposible —creada por Bruce Geller y transmitida entre 1966 y 1973; reciclada entre 1988 y 1990—, con un nuevo personaje, Ethan Hunt, como líder para el equipo de espionaje dedicado a misiones inverosímiles cuyas actividades se desconocerían en caso de captura, muerte o desastre. Por ello está obligado a solucionarlas con notabilísimas habilidades tecnológicas y, por supuesto, físicas.

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La idea dio para cinco cintas desde 1996. La nueva Misión: imposible. Repercusión (2018), sexta de la serie, pero segunda al hilo escrita y dirigida por Christopher McQuarrie, aborda casi lo mismo, estilísticamente hablando, de las últimas tres: Hunt corre a todo pulmón, choca motocicletas, estrella helicópteros, ejecuta saltos de altitud, arriesga su vida en todos y cada uno de los escenarios presentados: sobrevive cuánto accidente se le ocurre a la trama donde hay malos-malos y malos-buenos, conservando la ambigüedad también característica de estos filmes.

Esto se debe a la imposibilidad de presentar un maloso tradicional (por corrección política ya no es rentable señalar nacionalidades o religiones  específicas). Basta un simple anarquista demente.

Lo novedoso en esta sexta entrega: es secuela informal de la quinta, con un villano nuevo, la Viuda Blanca (Vanessa Kirby), y otro conocido, Solomon Lane (Sean Harris). También regresan personajes de partes previas. El coctel está pensado para enredar la trama con giros emocionantes y situaciones fuera de control. El tema central, de nuevo, es detener un apocalipsis terrorista. Hunt debe lograrlo yendo contra la CIA y su propia agencia, la IMF: confía en unos cuantos y en su intuición. Su motivación es la incertidumbre, ese fantasma de actualidad mundial.

En la segunda resurrección de la tv-serie, la IMF repudió a Casey Randall (Terry Markwell), uno de sus miembros. Este giro dramático resultó fructífero. En especial para el interés de los filmes: hacer de Hunt no un espía heroico, sino un rebelde parecido al antagonista. Por ello se insiste en impulsar sus acciones como solitario trotamundos; un leal espía, aunque individualista, en perenne oposición a la burocracia gubernamental y ajeno a sutilezas diplomáticas.

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Hunt, el estelar, es asimismo el efecto especial: un ultra humano; alguien con capacidades para sobrevivir accidentes y palizas imposibles para cualquier mortal. Para ello la cinta recurre a dobles de acción encabezados por el protagonista y productor (junto al experto y director de la segunda unidad Wade Eastwood, prácticamente co-director dado el nivel de actividad física). Cruise arriesga el pellejo en más de una secuencia.

Su insistencia en hacer sus propias acrobacias en beneficio de la verosimilitud la lleva al límite. Esto lo aprovecha el fotógrafo Rob Hardy para acentuar la presencia de Cruise, ya sea chocando autos, abordando aeronaves peligrosamente y rodando por las calles de París, Londres o Cachemira tan sólo con una chamarra o saco como protección. Su sensación de realismo, pues, está bien resuelta.

En la era de súper héroes invencibles, un ultra humano tipo Hunt parece anacrónico; un estilo de cine para actores de acción pasado de moda. Pero mientras Cruise se arriesgue y confirme cuán efectivas son aún dichas escenas, no defraudarán al espectador sea o no seguidor de estos filmes. Como espectáculo Misión: imposible. Repercusión es de primera, sobre todo si se le aprecia en pantalla IMAX o similar.

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