Estrenos nutridos de talento actoral

Oceans’8: las estafadoras y El legado del diablo destacan por la capacidad de sus protagonistas
Por: José Felipe Coria

Un estilo de filme que hizo escuela en Hollywood fue el de reparto multiestelar, donde cada personaje tiene su momento. La suma de éstos dan una producción entretenida más valiosa por las anécdotas que por el argumento en sí.

Ejemplo destacado de ello fue 11 a la medianoche (1960, Lewis Milestone), cinta que sirvió de vehículo para Frank Sinatra, interpretando a Danny Ocean, y sus amigos del famoso Rat Pack, cada uno brillando tanto individual como conjuntamente. Esta historia fue reciclada por Steven Soderbergh como La gran estafa (2001), La nueva gran estafa (2004) y Ahora son 13 (2007).

Sin embargo, la variante ideal del viejo filme de Milestone consistía en actualizar el tema desde una óptica opuesta. Ocean’s 8: las estafadoras (2018), quinto largometraje del inspirado Gary Ross, lo consigue: suma a la saga de Danny el capítulo de su hermana Debbie (Sandra Bullock), quien, tras su supuesta readaptación social, planea un gran asalto. Para lograrlo debe contar con la complicidad, principalmente, de su lugarteniente Lou (Cate Blanchett). Y de otras seis chicas, claro está.

El tema, auténtica apología del crimen, detalla las habilidades de cada una de las participantes en esta aventura, no tan predecible como parecería. Ross, precisamente, es un director sin pretensiones que consigue que el filme conserve de principio a fin su garra narrativa. Sin recurrir a artificio alguno, la historia atrapa al espectador por la suma de situaciones ingeniosas, un buen manejo de humor cínico, y el simple placer que es dirigir un reparto que hace de las suyas sin nunca sobreactuar o perder el control escénico.

Cada personaje tiene un momento destacado y la suma de éstos es lo que permite que la película resulte entretenida. Sobre todo porque enmienda las ideas que Soderbergh aplicó en su momento en las versiones masculinas. En efecto, la modernización del tema estaba en recuperar la sencilla anécdota de cómo planear un robo con personajes diferentes; en hacer la versión femenina de Rififí entre los hombres (1955, Jules Dassin) y volverla, con su reparto, un verdadero festín actoral. 

article_bodycine_secundaria_el_legado_del_diablo_61554702.jpg 
Por su parte, el fructífero género del terror cada cierto tiempo produce una cinta que llama la atención por su propuesta. Considerada por algunos, tal vez exageradamente, como El exorcista (1973) del nuevo milenio, El legado del diablo (2018), debut en la dirección de largometrajes de Ari Aster, presenta cómo a la muerte de la matriarca de una familia, su nieta Charlie (Milly Shapiro, absolutamente inquietante), empieza a tener extraños comportamientos relacionados con el pasado de su familia.

Lo que sigue, en la cotidianidad de Charlie particularmente con su madre Annie (Toni Collette), y el resto de su familia, es tan intrincado como las casas miniatura que Annie hace, tal vez como intento por atrapar un alma esquiva.

El sencillo tema da para un ejercicio de atmósfera escalofriante que no se mueve por terrenos convencionales. La suma de hechos logra una óptima propuesta renovadora del género. El incremento de la tensión, el planteamiento de los personajes y de la historia, hace un filme lleno de sobresaltos.

El talentoso Aster, y Annie, construye minuciosamente un edificio visual en el que incluye varios elementos hasta lograr una de las pesadillas más delirantes del cine contemporáneo. Si Aster mantiene este nivel de inquietud y desconcierto en filmes futuros, éste habrá sido uno de los debuts más auspiciosos en el género del terror.

D L M M J V S
1 2
3 4 5 6 7 8 9
10 11 12 13 14 15 16
17 18 19 20 21 22 23
24 25 26 27 28 29 30

COMENTA