Proyecto Géminis de Will Smith vale la pena sólo cinco minutos

Proyecto Géminis narra la vida de un asesino que enfrenta a su clon más joven
Por: José Felipe Coria

Arrumbado en el último cajón del escritorio del productor Jerry Bruckheimer por 20 años, el guión de Darren Lemke, reescrito con David Beniof & Billy Ray, acabó convertido en el filme 14 del complejo director taiwanés Ang Lee.

Se trata de Proyecto Géminis (2019), en su momento descartado con el pretexto de que no existía tecnología para contar la vida de un asesino a sueldo, Henry (Will Smith), enfrentando a su más joven clon, Junior (Will Smith rejuvenecido de forma digital).

Dicha tecnología hoy se llama HFR (High Frame Rate; Tasa Alta de Fotogramas). Se filman 48 cuadros por segundo, en vez de 24, que el ojo humano percibe. Se crea así un hiperrealismo con profundidad de campo. Se supone que Lee la reinventó, filmando 120 cuadros por segundo, para Proyecto Géminis, considerado por sus creadores un “antes y después”; el futuro del cine de acción por lograr una experiencia de “inmersión completa” en la trama.

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El problema de Proyecto Géminis es que debería contar algo mejor. Cuando se escribió hubo un par de películas similares, sobre clones, también de acción: El 6º día (2000) con Arnold Schwarzenegger, y Asesino perfecto (2001) con Jean-Claude Van Damme.

Es exagerado decir que se reinventó una técnica para un argumento (cierto, estupendamente bien llevado buscando que el espectador no se haga preguntas y suspenda su credibilidad imaginando un ultracomplejo filme de ciencia ficción y espionaje de abundante movimiento) que parece redondo por fuera, pero tiene huecos (en la lógica de lo que relata) por dentro.

¿Es diferente Proyecto Géminis de cintas parecidas? A nivel técnico, sí. En el dramático, no. 

Hay una falta de equilibrio entre lo que dice y cómo lo dice. Es como un juego de video que promete 100 niveles de entretenimiento sin pausa; la realidad es que son apenas cinco de fácil solución. 

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Su propuesta no avanza más allá de una larga carrera de obstáculos, que sucede con todo lo previsible del caso. Sin sorpresas ni giros interesantes ni mejorando lo ya visto hace dos decenios en las producciones mencionadas.

Smith se esmera demasiado en hacer con solvencia los dos protagónicos. Y su compañera de reparto Mary Elizabeth Winstead (Danny) no encuentra cómo imprimirle al papel cierta calidad sicológica o emocional para rebasar los clichés del tema. A su vez, Clive Owen (Clay Verris) actúa rutinariamente los lugares comunes de este tipo de género populares en los 1990, como malvado de película serie Z.

Lee, tal vez no viendo cómo mejorar este drama que se nota envejecido, entrega un ejercicio de cineasta virtuoso, lleno de imágenes correctas hechas con elegancia y sofisticación, aunque sin conseguir ninguna armonía ni originalidad en la narración. Esta cinta, tras prestarle cinco minutos de atención admirando su técnica, deja de interesar.

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